¿Dónde están los pobres?

¿Dónde están los pobres?

Pablo VI escribe que la verdadera comunidad humana se da «cuando el pobre Lázaro puede sentarse con el rico en la misma mesa del banquete.» (Populorum Progressio, 47). Y la Santa Misa es donde esto debería ser más cierto.

«Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su puerta, cubierto de llagas, deseaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico... y hasta los perros venían y le lamían las llagas.» (Lc 16, 19-21).

Un estudio de 2009 titulado: «La continua relevancia de los ingresos familiares en relación con la práctica religiosa,» muestra una estadística preocupante: Los pobres no van a Misa.

Los católicos que ganan menos de 30.000 dólares son drásticamente más propensos a no presentarse el domingo en el templo. ¿Y esto por qué?

El estudio analiza múltiples variantes, esperando afinar en las causas de esta ausencia de la liturgia. Los viajes, los horarios de trabajo, la estabilidad familiar, contribuyen en apariencia a las tendencias centrífugas y, por lo tanto, es difícil determinar cuál es la causa y la raíz.

Sin embargo, el estudio proporciona una sugerencia preocupante: «La atmósfera social de muchas parroquias ya no invita a los católicos de bajos ingresos.»

Matthew Schmitz, editor principal de First Things, avanza una discusión según la cual la ausencia de la belleza litúrgica crea la ausencia de los pobres.

La disminución de la asistencia de los pobres es consecuencia del auge del modernismo en el arte de la Iglesia, en la liturgia y en la arquitectura después del Concilio Vaticano II.

Esta tendencia favorece las obras abstractas y teóricas en lugar de las creaciones clásicas y tradicionales, haciendo que la belleza no sea accesible a todos los miembros de la Iglesia.

El arquitecto Duncan Stroik reconoce que los pobres se ven especialmente afectados por esta tendencia: «Los pobres tienen necesidad de la belleza para ennoblecerlos, para levantarlos de la ciénaga de este mundo caído.»

La Iglesia enseña que la «opción preferencial por los pobres» debe priorizar la dimensión espiritual de la persona.

San Juan Pablo II escribe: «Esta opción no se limita a la pobreza material, ya que es bien sabido que hay muchas otras formas de pobreza, especialmente en la sociedad moderna, no sólo la económica sino también la cultural y espiritual.»

Esto exige que alimentemos el hambre de los pobres, no sólo con la comida corporal, sino también incentivando el apetito de los bienes espirituales mediante la belleza y la comunión.

El estudio de 2009 reconoce el daño de las soluciones tecnocráticas: «Los esfuerzos parroquiales dirigidos a ayudar a los pobres pueden, incluso crear una barrera para la participación religiosa de los católicos de bajos ingresos, en consonancia con la observación de un estudio anterior, según el cual los servicios sociales basados ​​en la fe, pueden reforzar una división jerárquica entre quienes los brindan y quienes los necesitan».

El peligro estriba en que los esfuerzos del servicio asistencial puedan generar una relación proveedor-receptor en lugar de una comunión de caridad.

La verdad se empobrece si los ricos y los pobres no comparten la comunión en la Iglesia. En lo más profundo de nuestra realidad, todos nos arrodillamos como mendigos delante de Dios.

Tanto Warren Buffett como el pobre anónimo, dependen completamente de Dios para su existencia y sustento. «Sin Mí no podéis hacer nada.» (Jn 15, 5). «¿Qué tienes que no hayas recibido?» (1 Cor 4, 7). Perder de vista esta pobreza existencial lastima a todos los involucrados.

Compartir algo hermoso nos une. En la fiesta de la Anunciación hace unos años, sucedió algo hermoso, que cambió Michigan Avenue, la calle contigua a los muros de nuestro Priorato: Un cielo oscuro presagiando tormenta, se vislumbraba goteando junto al sol poniente.

La explosión de belleza detuvo a todos en la calle. Todos nos pusimos de pie uno al lado del otro, mirando en la misma dirección, disfrutando de la misma impresión con la misma simpatía que causa la mañana de la Navidad.

De una manera natural, nos sentíamos unidos al recibir ese regalo de Dios. Incluso más allá de esta maravilla terrenal, de una manera sobrenatural, podemos unirnos ante el don de la Eucaristía, con toda su belleza y toda su gracia.

Los suntuosos banquetes del hombre rico no fueron los que le condujeron a la condena. Tampoco fue su negativa a echar los restos de su comida a Lázaro y a los perros.

El hombre rico, bendecido por Dios con esos bienes, no compartió la belleza y bondad de su banquete.

Pablo VI escribe que la verdadera comunidad humana se da «cuando el pobre Lázaro puede sentarse con el rico en la misma mesa del banquete.» (Populorum Progressio, 47). Y la Santa Misa es donde esto debería ser más cierto.

Fr. Irenaeus Dunlevy, OP

Publicado originalmente en Dominic Friars Foundation

14 comentarios

Néstor
Un elemento a tener en cuenta es que, lamentablemente, por lo general a lo que sociológicamente podemos llamar el católico medio, los pobres le resultan molestos.

El pobre molesta, se da cuenta de que molesta, y no aparece más. Sencillo.

Es lindo hablar de los pobres, pero es que su mayoría, son desaseados, no visten bien, no encajan, y lo ponen a uno en un compromiso con sus conocidos o sus superiores, incluso en instituciones eclesiásticas.

Sobre todo si en esas instituciones hay católicos de izquierda de clase media o tirando para alta, que suelen ser los que más repugnancia experimentan por los pobres.

No en vano Marx popularizó aquello del "lumpen". El obrero por lo menos sirve para algo, tiene futuro.

Y por eso es que la izquierda no quiere que haya pobres, y por eso apoyan tan gustosamente la legalización del aborto, por ejemplo, pensando sobre todo en las mujeres pobres.

Es que el pobre es la antítesis de lo que anhela todo católico progresista en el fondo: el dinero.

Saludos cordiales.
2/03/18 11:36 AM
Beatriz Mercedes Alonso (Córdoba - Argentina)
Néstor: Excelente comentario. Me has abierto los ojos, y en qué forma.
Bendiciones.
2/03/18 2:47 PM
Liliana
La pobreza se la puede ver, en la falta cultural, en la falta espiritual religiosa y la falta económica
La riqueza se la puede ver, en los que están empapados de todos estos bienes y no mueven un dedo para saciar a otros.
Si el pobre clama la piedad del rico, sin antes postrarse o encomendarse al amor de Dios, dueño de tolo lo creado, lo que reciba será solo fruto de hombres, lo mismo pasaría con el rico.
Para mi la verdadera comunidad, la mantiene la Santísima Trinidad, cuando pobres y ricos, se sienten iguales, con la misma necesidad de Glorificar a Dios, en acción de gracias, tanto, el que recibe y como el que da.
2/03/18 3:23 PM
Francisco Javier
Jesucristo nos dijo: "Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura."
Lamentablemente se descuida hoy la pobreza espiritual poniendo en primer lugar la pobreza material como si esto segundo fuera lo mas (o lo unico) importante. Como resultado tenemos a instituciones católicas convertidas en ONG de solo asistencia pero incapaces de proclamar a Dios o a supuestos catolicos asumiendo ideologias materialistas como cosas "compatibles" con el ser cristiano.
2/03/18 7:35 PM
lindor covas
Nestor ...

Y los católicos que no son sociológicamente católico medio , que no son progresistas , que no son de izquierda , ¿ que pasa con ellos .?

Francisco Javier .

Como entender tu razonamiento ." pobreza material vs. pobreza espiritual " o vice versa ..
2/03/18 10:59 PM
Graliro
Aqui en el interior de la Argentina los pobres aman donar pequenas joyas para hacerle una coronita a la Virgen, donar una imagen o un cuadro, un exvoto, flores. Los curas de la iglesia pobre para los pobres odian esos pequenos lujos. Sus altares son feos, como si los pobres no merecieran un templo digno para ir a rezar. Sus homilias son dificiles de entender. Por eso los pobres no van a misa pero si van a las iglesias con ornamentos ,imagenes y un sagrario hermoso cuando no hay nadie o para las festividades populares.
2/03/18 11:11 PM
Jesus Pereira
A quien se preocupa con la pobreza material, debería tener una necesidad y una urgencia en evangelizar los ricos, hacer una opción preferencial por (convertir) los ricos. Pero, al contrario, hacen todo por establecer conflicto entre las clases y grupos sociales .
3/03/18 12:46 AM
Néstor
Es más, yo diría que cuanto más moderna, aerodinámica y funcional sea la arquitectura de las iglesias, por ejemplo, más va a desentonar un pobre en esos ambientes.

Saludos cordiales.
3/03/18 1:45 AM
María
Graliro tienes razón, unas mujeres sudamericanas fueron el día anterior de Navidad a bendecir sus niños Jesús con ropitas y estos curas modernistas no les gustan para nada esas expresiones, tampoco les gusta el agua bendita. Solamente quieren la Fé que ellos llaman adulta. Si fuera por ellos quitarían todas las imágenes de los templos. Pero no se dan cuenta que muchas veces viendo la belleza de una Virgen y su mirada serena, invita a la oración.
3/03/18 11:54 AM
Fray Escoba BCN
Gracias p. Néstor por su lucidez, no hay mejor resumen.

Que Dios nos de fuerzas como a San Francisco para vencer la repugnancia y así abrazar con verdadera caridad a nuestro leproso particular
3/03/18 12:02 PM
Francisco Javier
El modernista dentro de la Iglesia es como un protestante liberal, no le gustan los habitos religiosos, ni los templos bonitos autenticamente catolicos, no quiere imagenes, ni ritos, ni Santisimo, ni Santa Eucaristia. Quiere una iglesia desnaturalizada, estan vacios de fe pero muy llenos de ideologia materialista mundana y buscan manipular versiculos de las escrituras en favor de esa ideologia. Por eso los pobres en masa no se sienten bienvenidos ahi, ellos buscaran donde encuentren espiritualidad, mas congruencia entre lo que se predica y se hace.
3/03/18 10:36 PM
Luis
Cuanta razón tiene Fr Irineo. Siga fiel a Santo Domingo de Guzmán y predique la verdad con ocasión o sin ella.
4/03/18 6:56 AM
jose maria sabat
no pretendo que acepten mi opinion, pero si creo que es cierto que existe una necesidad de la verdad que nos ilumine, y una especie de hambre de conocimientos, de hechos,de informaciòn que nos ayuden
6/03/18 8:26 PM
Pilar Martínez
Creo que es un hecho comprobado que "los pobres no van a misa". Pero, en mi opinión, el autor de este artículo no va al fondo del asunto. Se queda en la superficie, achacando esta ausencia a la falta de belleza litúrgica, y poniendo el acento en el rechazo hacia ellos de los católicos progresistas de izquierdas.
Uno cuando es pobre está solo y marginado, necesitado de pan material pero también espiritual. Tiene sed de amor, de ser respetado y valorado íntegramente como persona y la belleza no es precisamente su prioridad.
Tampoco creo que haya que poner el acento de ese rechazo que experimentan en este u otro sector de personas, ya sean de izquierdas, de derechas, o mediopensionistas. La culpa de esa ausencia es nuestra, de los cristianos que no seguimos el mandamiento del Amor que Cristo nos dió. Cuando Jesús en el evangelio nos habla de quien es nuestro prójimo pone aquella parábola del buen samaritano. Y es que hablar de los pobres solo en lo material es recortar mucho la idea que tenemos de los pobres.Pobre es también quien padece soledad, los huérfanos, los enfermos los que no han recibido una migaja de amor, etc.etc.etc. En definitiva, no solo de pan vive el hombre SINO DE TODA PALABRA QUE SALE DE LA BOCA DE DIOS, es decir, su dimensión transcendente. La culpa pues es nuestra, de nuestro egoísmo e indiferencia.
" Los teneis a vuestro lado y no los conoceis".
6/03/18 9:16 PM

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