20.05.18

Predicar con casco. Recordando a don Pío Cabanillas

En estos tiempos de modernidad y adelantos, “alantos” que dicen en mi pueblo, es divertido comprobar cómo lo que se nos vende como el summum de la modernidad es todo un compendio de las más antiguas barbaridades y de las herejías más clásicas.

Cosas tan superadas como el gnosticismo, el pelagianismo, el arrianismo… Barbaridades tan bárbaras como la teología protestante, son hoy la base de una supuesta teología puesta al día, sin la cual pareciera que todo lo demás sea anclarse en Trento, que ojalá, habida cuenta los santos que produjo. En definitiva, todo viene a concurrir en un eliminar la idea de Dios personal para sustituirlo por un algo tiene que haber.  

El gnosticismo de antes, modernismo de después, no ha sido más que un intento de ir despojando a Dios de su ser Dios para, en lugar de avivar la fe del creyente, y regresar a la fe del que se alejó, bajar a Dios a una idea tan nada, que todos puedan aceptarlo. Dios va quedando reducido a mera experiencia personal, indiscutible, íntima, emotiva.

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18.05.18

Hacer el ridículo: un obispo tomando café me ha dicho...

Mala cosa es vivir de filias, fobias y prejuicios. Mala cosa las obsesiones, que llevan a convertirse en el conejito aquel de las pilas que repite, y repite, y dura y dura.

Religión Digital tiene fobias marcadísimas. Especialmente con el cardenal Rouco y todo lo que a Rouco huela. Hay razones para ello que algunos conocemos muy bien. Quizá es que cuando uno tiene sus expectativas y esperanzas y aspira a trato preferente y le dicen no, se revuelve y saca sus armas contra quien no le secundó en sus proyectos. Quizá, que esto me lo estoy imaginando. Si hay noticias o rumores, se sacan, y, de lo contrario, siempre hay formas de seguir sacudiendo. Burdas por demás, algunas.

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17.05.18

Lo que se aprende a 80 km. de Madrid: la pastoral del sirimiri

Madrid ni se ve. Lo más que contemplo desde casa, desde mis pueblos, es la carretera nacional I, la carretera de Burgos, o de Francia, que siguen diciendo en algunos sitios, trepando hacia la sierra de la Cabrera para luego dejarse caer hasta la gran urbe. Madrid pilla muy lejos. En kilómetros, en distancia, en mentalidad, en urgencias. Llevo sin pisar la madrileña Puerta del Sol y sus aledaños más de seis meses. No lo echo en falta. En absoluto.

La vida parroquial, las urgencias, las preocupaciones, son, naturalmente, otras.

Me van a permitir que acuda a mis propias parábolas de campo, fáciles porque es donde vivo, naturales porque soy hijo del campo y estas cosas surgen con toda familiaridad.

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15.05.18

Braojos 1709. Una extraordinaria lección de teología

En el campo o en plena urbe, aquí el que se aburre es porque quiere. Braojos de la Sierra posee un templo parroquial de lujo y un archivo parroquial espléndido. A partir de ahí es cosa de uno aprovechar posibilidades, conocer, estudiar, satisfacer curiosidades.

Delante del altar, en lo que los antiguos llamaban en la “capilla mayor”, se encuentra la espléndida losa sepulcral de Miguel Fernández del Pozo, fallecido en Braojos el 19 de mayo de 1709. Es una losa magnífica , pero si la traigo a colación no es por mero interés artístico, que lo tiene, sino por pura teología de la justificación.

Ya sabemos que hoy, para la modernidad, el cielo es un derecho inalienable y que aquí todo el que se muere va derechito a tocar la lira con ángeles, arcángeles, serafines y querubines. Tenemos derecho a todo y ni Dios es quien para ponernos pegas. La modernidad, ya saben.

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13.05.18

Anoche tuvimos la primera vigilia de la adoración nocturna en Braojos

Ayer se cumplieron seis meses desde mi toma de posesión de las parroquias de Braojos, Gascones y La Serna del Monte, y el Señor quiso que lo celebrásemos con la primera vigilia de la adoración nocturna en Braojos.

Hace un par de meses comenzamos a dar los primeros pasos. He de reconocer que el consejo diocesano, con su presidente al frente, nos ha apoyado desde el primer día, y que hemos contado desde entonces con la colaboración de adoradores de diferentes secciones de Madrid. Pero claro, adoración nocturna en un pueblo de doscientos habitantes… Parece demasiado.

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