16.01.19

Ejercicios espirituales a curas. Alguien tiene que hacerlo

Pocas cosas me quedan o me quedaban por hacer como cura. Lo de dirigir ejercicios espirituales lo había hecho en alguna ocasión con laicos y religiosas. Con sacerdotes, nunca. Por eso mi resistencia cuando me lo propuso Miguel Asorey para curas de Lugo. Le costó más de un año convencerme.

Los sacerdotes estamos para lo que estamos: anunciar la Palabra, celebrar los sacramentos y construir la Iglesia en la caridad. Todos los sacerdotes somos ordenados para eso. Otra cosa es cómo concretarlo en una tarea determinada.

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14.01.19

Los hijos no obedecen, imitan (los curas, también)

Durante unos años llevé grupos de escuela de padres. El cartel con el que comenzamos tenía una frase que jamás he podido olvidar: “Los hijos no obedecen, imitan”. Tanto me impactó, que la he repetido muchas veces en reflexiones y homilías.

La gente escucha de muchas maneras. Lo que se habla llega más o menos, pero lo que confirma o no las palabras del hablante es la coherencia entre lo que dice y lo que vive. De nada vale que un padre insista a sus hijos en la necesidad de leer si jamás tomó un libro entre sus manos. De nada que hable de alimentación sana si no sale de la hamburguesa y la lata de cerveza.

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12.01.19

Qué se puede hacer en Lugo

Recién llegado a casa después de cinco días dirigiendo ejercicios espirituales a un grupo de once sacerdotes de la diócesis de Lugo. Espero que les hayan servido para su bien.

El planteamiento fue simple. Desde el primer momento les hablé de que lo más importante para un sacerdote no es su trabajo y la programación de actividades, sino su propia vida, y que a eso iba a dedicar esencialmente los ejercicios. Unos ejercicios para orar, leer, descansar y fomentar la fraternidad y la vida sacerdotal. Comencé planteado la necesidad de que el sacerdote se cuide mucho en su vida espiritual y hasta física, para continuar por la llamada tan especial a la santidad que hemos recibido. Quise que una de las pláticas estuviese centrada en la adoración eucarística y acabé con una meditación que quizá cuelgue en la red un día de estos y que titule “Privilegio de ser cura de pueblo”.

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5.01.19

Me despido... por una semana

Mi costumbre es escribir tres o cuatro veces por semana cuando menos. Y mis lectores, que ya saben de esa costumbre, buena o mala según, si de repente me ven inactivo una semana entera son capaces de barruntar cualquier inconveniencia, inconveniente o imposibilitante. Por eso prefiero contar lo que pasa.

Bueno, en realidad, pasar, lo que se dice pasar, no pasa nada. Simplemente que esta próxima semana voy a dirigir unos ejercicios espirituales a un grupo de sacerdotes de la diócesis de Lugo. No sé si voy a tener internet ni me importa. Personalmente quiero también a provechar la semana que viene para estar tranquilo, rezar, leer y no hacer otra cosa que pasarla en Dios con ese grupo de hermanos.

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2.01.19

Aciruelarse

Si me lee algún antiguo compañero agustino, recordará sin duda al P. Ramiro Fincias. Le gustaba echar su partidita de vez en cuando y no se le daba mal el mus. Para los que no lo conocen, digamos, simplemente, que es un juego de apuestas, no de dinero, sino de puntos. Ante la apuesta de un jugador, se puede aceptar, declinar o responder aumentando la cantidad. Cuando el P. Ramiro aumentaba la apuesta y el otro se echaba atrás, su expresión, que no sé de dónde la habría sacado, era “se ha aciruelado”.

La prudencia es virtud cardinal de no fácil práctica. Ser prudente ante los acontecimientos de la vida y de la historia, ser prudente ante los conflictos para responder de manera tan proporcionada como eficaz, es virtud solo al alcance de algunos. El problema es que podamos tener la impresión de que en nuestra Iglesia nos hemos hecho tan prudentes que más que ser virtuosos simplemente nos estemos aciruelando.

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